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Maria Magdalena presuntamente en La última cena de Leonardo da Vinci

Maria Magdalena presuntamente en La última cena de Leonardo da Vinci

” En La última cena, el joven ‘san Juan’ está recostado lo suficientemente lejos de Jesús como para formar con su cuerpo una ‘M’ gigante, revelando así la verdadera identidad del personaje, tal como descubríamos en nuestro segundo libro, y tal como ha llegado a una enorme audiencia de todo el mundo a través de El código Da Vinci, que utilizó nuestra obra como inspiración en lo que respecta a todo el concepto de los códigos y secretos de Leonardo. Sí, ella es, sin duda, María Magdalena; sus ropajes invertidos revelan que es la ‘media naranja’ de Cristo y ha ocupado el que muchos herejes considerarían su lugar más adecuado, a su lado, en el momento en el que inicia el importante sacramento cristiano en el que el vino representa su sangre expiatoria y el pan su cuerpo. Además, tal como apunté en Mary Magdalene: Christianity’s Hidden Goddness, la mano que hace el despiadado gesto de cortar el cuello de la mujer pertenece a san Pedro, quien, como queda claramente reflejado en los evangelios gnósticos, le había amenazado… […] “

Lynn Picknett “La Historia secreta de Lucifer” Editorial Planeta S.A. (2007)

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” ¿ Qué puede ser más absurdo y más impío que atribuir el nombre de Lucifer al diablo, es decir, el mal personificado? El Lucifer intelectual es el espíritu de la inteligencia y el amor; es el paracleto, el Espíritu Santo, mientras que el Lucifer físico es el gran agente del magnetismo universal.”

Elifas Leví, The mysteries of Magic, París, 1861, p 428

Símbolo presuntamente juanista de Leonardo da Vinci

Símbolo presuntamente juanista de Leonardo da Vinci

Mateo 3:13-14
Un día Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara.
Pero Juan trató de disuadirlo. –Yo soy el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes
a mí? –objetó.

Mateo 3:15
–Dejémoslo así por ahora, pues nos conviene cumplir con lo que es justo –le contestó Jesús.
Entonces Juan consintió.

Mateo 3:16-17
Tan pronto como Jesús fue bautizado, subió del agua. En ese momento se abrió el cielo, y él
vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él.
Y una voz del cielo decía: “Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.”

” Mientras Juan está en la cárcel, parece que su opinión sobre Jesús ha cambiado y le envía un mensaje en el que dice “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” Al parecer, algo que Juan ha escuchado acerca de las obras de Jesús le han llevado a albergar esas dudas, ya que sus palabras van precedidas de “Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envío a sus discípulos [para que preguntasen a Jesús]”

Inmediatamente después, y en respuesta, Jesús remarca su superioridad al Bautista cuando dice: “¿Qué salisteis a ver en el desierto? […] ¿A ver un profeta? Si, os digo, y más que un profeta.” […] “

Lynn Picknett “La Historia secreta de Lucifer” Editorial Planeta S.A. (2007) Pág. 147

True History

“La Historia oficial altera y condiciona el presente.”

PrejuicioFinal.com

“El sentido de la vida representada en el agua y la luz, mientras dejan atras el infierno en el cual vivía su ánima perdida.”

PrejuicioFinal.com

“Pocas noches tumbado en la oscuridad no envidiaba a los muertos”

Cormac McCarthy “The Road” (2006)

“Recuérdese la absurda simpleza de la visión que atribuye los importantes males políticos del siglo XX al asesinato del archiduque Fernando en Sarajevo. El razonamiento era simple. Sin asesinato, no habría habido Primera Guerra Mundial. Y sin Primera Guerra Mundial, no habría habido Revolución Rusa ni, por tanto, Stalin. Sin derrota alemana en la guerra, no habría habido Hitler. Sin Hitler, no haría habido genocidio nazi ni Segunda Guerra Mundial, ni armas nucleares, ni, en consecuencia, Hiroshima. Sin Stalin o la Segunda Guerra Mundial es probable que no hubiera habido Mao ni Pol Pot.

Esta visión es absurda aunque cada eslabón de la cadena de razonamiento sea plausible. Para rebatir esta visión tenemos que apelar a tendencias generales. Sin el asesinato, no habría habido Primera Guerra Mundial tal como la conocemos, pero, con la carrera armamentista y el sistema de alianzas existente a la sazón, es muy probable que más adelante hubiera estallado una Primera Guerra Mundial diferente. (Es lícito comparar la situación militar y política de Europa en la primera parte del siglo con una pila de material combustible. si no la incendiaba una chispa en particular de las que volaban a su alrededor, lo haría otra; pero es casi seguro que terminaría por arder.) Sin la Primera Guerra Mundial tal como la conocemos, puede que no se hubiera producido la Revolución de Octubre de 1917, pero la situación en que se hallaba Rusia creaba una gran probabilidad para alguna clase de revolución.

Si nos apartamos de la historia tal como ocurrió, el pensamiento se vuelve más especulativo. Una revolución rusa diferente ¿habría evitado el estalinismo? Una Primera Guerra Mundial distinta, comenzada uno o dos años después ¿habría terminado con una victoria alemana? ¿Habría muerto Hitler en ella? No tenemos manera de responder estas preguntas.

Pero si damos todavía un paso más en esta dirección, llegamos a una región en la que pueden hacerse algunas sugerencias plausibles. Así como es posible ver la Europa de comienzos de siglo como una pila de material combustible, así también es posible considerar en la psicología humana una marcada propensión tanto a dejarse atrapar en el conflicto como ala crueldad y a la matanza en masa. Las guerras del siglo XX, las masacres y los genocidios derivan de la combinación de esta psicología con la tecnología moderna. Lo que parece probable es que, aún sin Sarajevo, sin Stalin o Hitler, la tecnología destructiva no habría dejado de desarrollarse ni utilitzarse. (Aquí, tal vez sea adecuado un sombrío gesto de asentimiento a la frase de Heidegger acerca del encuentro planetario con la tecnología.)”

Glover, Jonathan – “Humanidad e inhumanidad: Una historia moral del Siglo XX” (1999)

“Lo que nunca ocurrió en ocasiones es lo más difícil de olvidar.”

Arturo Pérez Reverte 

“La idea de la clara pureza de las raíces del pueblo germano resucitó con el nacionalismo del siglo XIX. En 1807, en el Berlín ocupado por Francia, Johann Gottlieb Fichte pronunció sus <<Discursos al Pueblo Alemán>>*. Fichte pensaba que los alemanes tenían una lengua viva porque eran primordiales de un modo en que no lo eran otros pueblos. Habían conservado <<la lengua primordial de la cepa ancestral>>, mientras que la mayoría de las otras lenguas habían sufrido mezclas. La filosofía sólo influye en la vida de la gente que posee una lengua primordial viva, sólo la filosofía alemana podía crear la conciencia nacional que la época requería. Había que preservar la identidad alemana: <<Si vosotros os hundís, toda la humanidad se hunde con vosotros sin esperanza ninguna de restauración futura>>.”

*Johann Gottlieb Fichte, citado en Hans Sl,uga, Heidegger’s Crisis: Philosophy and Politics in Nazy Germany, Cambridge.

Glover, Jonathan – “Humanidad e inhumanidad: Una historia moral del Siglo XX” (1999)

“Para poner en práctica las políticas que s u nacionalismo, su darwinismo social y su creencia en la <<higiene racial>> les exigían, los nazis tuvieron que pasar por encima tanto de las respuestas humanas a sus vícitmas como de las ideas acerca de identidad moral que no se amoldaran a la participación en el asesinato en masa.

Al igual que en la Rusia de Stalin y en la China de Mao, las presiones sociales se invirtieron. Los principios morales fueron aplastados por las presiones para crear, obedecer y aceptar. Además, el sistema nazi de creencias fue eficaz al conseguir que la gente lo internalizara. La gente no sólo tiene miedo: una gran parte también pensaba que la desobediencia era un error.

Los nazis atacaron sistemáticamente las respuestas humanas. Comenzaron a erosionar el estatus moral de los judíos, los homosexuales y otros, a todos los cuales negaron la protección del respeto a su dignidad. En consonancia con lo que tomaron de Nietzsche, trabajaron para remplazar la simpatía por la dureza.

Al rechazar el respecto y la simpatía por sus víctimas, los nazis volvían a reunir los regímenes de Stalin y de Mao. Pero lo que distinguió al nazismo sobre todas las cosas fue el grado y la minuciosidad de su asalta a la identidad moral. Había que transformar a la gente. Tenía que haber una identidad nazi, arraigada en una perspectiva activamente hostil a las respuestas que constituían nuestra humanidad. El estalinismo y el maoísmo fueron formas perversas de consecuencialismo. En ellos, la dureza y la inhumanidad, aunque sin plausibilidad alguna, se defendían como los mediios necesarios para un mundo humano mejor. El nazismo fue un asalto más fundamental a los valores humanos. Fue una deontología tergiversada: la dureza y la inhumanidad se consideraban deseables por sí mismos, aspectos de una identidad que expresa <<la voluntad de volver a crear la humanidad>>.

En la Unión Soviética de Stalin los principios morales internos fueron avasallados por la Creencia. Después de Yugoslavia fueron avasallados por el tribalismo. En la Alemania fueron avasallados por una combinación letal de ambas cosas. Debido a su sistema de creencias, los proyectos psicológiocs nazis fueron la sustitución de la simpatía y la reconstrucción de la identidad moral.”

Glover, Jonathan – “Humanidad e inhumanidad: Una historia moral del Siglo XX” (1999)