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Tag Archives: lynn picknett

” El relato poco edificante de la expulsión del Paraíso se considera básicamente la historia de la llegada del pecado a la humanidad: de la pérdida de la gracia divina y del futuro en calidad de juguete del mal y depositaria de todo dolor y sufrimiento conocidos. […]

Por otro lado, seguramente, esta historia dice mucho más de la propia naturaleza de Dios. Parece estar tan perdido como Adán y Eva ante las nuevas circunstancias en las que se encuentran, y no parece tener mucho de psicólogo, a pesar de haber creado el prototipo de hombre y mujer […]

Dios no solamente parece desconcertado por toda esta historia, sino que no parece entender que ha creado la curiosidad intelectual y el deseo de la satisfacción sensual, ni que la serpiente es también obra suya y va equipada con una serie de características que la llevan inevitablemente a tentar a la mujer. Igual que Judas en su papel de catalizador del sacrificio de Jesús, la serpiente estaba predestinada desde el principio. Ambos se consideran personificaciones o, como mínimo, súbditos del mal. Y tras la estrepitosa caída de Eva, la imagen convencional de la mujer no es mucho mejor. Además es probable que el mito también tenga un elemento en común con la ciencia ficción moderna: el miedo a la rebelión de los robots. […] ”

” Por desgracia, el mito de la creación en nuestra propia cultura no alardea de un big bang orgásmico, el universo no se engendra de un modo descarado, incluso soberbio, a partir del falo viril y explosivo del gran dios Creador. En su lugar, tenemos la historia de la creación divina del mundo en seis días, seguida del mito de Adán y Eva, lo cual se opone fundamentalmente al mito egipcio por la actitud furtiva y llena de sentimiento de culpa ante la desnudez, así como por el énfasis en el pecado sexual, la culpabilidad femenina y el castigo divino de un Dios patológicamente iracundo, tirando y mezquino. A pesar de los milenios de sermoneos y debates teológicos (durante los cuales el carácter ofensivo y la incompetencia de Yahvé se han suavizado a través de la filosofía por parte de mentes al parecer mucho más brillantes que la suya), podría decirse que la historia que se cuenta en el primer libro del Antiguo Testamento, el Génesis, ha contribuido a inspirar más maldad y más neurosis de lo que Stalin y Freud pudieran haber soñado.

En la tradición judeocristiana, todas las desgracias humanas se originaron supuestamente en el Jardín del Edén, el sagrado paraíso terrenal que dios creó para el disfrute inocente y absoluto de dos criaturas hechas a su imagen y semejanza (el hombre prototípico Adán su represible y caprichosa compañera, la primera mujer, Eva). ”

” Si bien no es nueva esa ansia por dividir el mundo en las categorías estrictas de ‘nosotros’ y ‘ellos’ (los griegos llamaban ‘bárbaros’ a los extranjeros y la palabra que utilizaban los egipcios para referirse a sí mismos era simple y significativamente ‘humanos’), la tradición cristiana occidental degradó a sus enemigos considerándolos principalmente antihumanos: si desafiaban el cristianismo, eran enemigos de Dios. (Sin embargo, por supuesto, el propio Dios se había comportado de modo reprensible en el episodio de la Caída. Tal como escribe Jean Markale: ” El Dios eterno tiene mal genio y es terriblemente celoso, y […] se comporta como un capitalista rico que no tiene intención de compartir su eternidad con nadie más. ¿Qué placer obtendría de ella si todo el mundo la tuviera?) ”

” […] John Milton, que con su obra El paraíso perdido quería ‘justificar el comportamiento de Dios hacía el hombre’ (y lo único que consiguió fue avivar la admiración por Lucifer de destacados poetas del romanticismo como Percy Bysshe Shelley o William Blake, que le consideraban el héroe de la obra), escribió sobre un Yahvé verdaderamente sádico: “Todopoderoso […] nos hubiese dejado por completo nuestro espíritu y nuestro vigor para que podamos sufrir y soportar con fortaleza nuestras penas, para bastar a su vengativa cólera.”

[…] Dios se aseguró de que Adán y Eva tuviesen suficiente ‘espíritu y vigor’ para sufrir, para mitigar su propio enojo patológico. Pero incluso aquí Milton parece no querer que el primer hombre y la primera mujer sean del todo terriblemente atormentados, ya que, aunque fueron condenados a trabajar y sufrir, estaban en esta situación con un atisbo de esperanza. Y dado que Satanás iba a sufrir un ‘castigo eterno’, de alguna manera se había hecho ‘justícia eterna’.

De hecho, muchos de los primeros cristianos (y algunos pensadores más recientes) se preocuparon por la polémica cuestión de si un Dios justo dejaría que Satanás languideciera en el infierno toda la eternidad ( aunque poco a poco llegaron a aceptar que incluso un pecador convencional podría ser condenado por siempre en las regiones infernales). Clemente de Alejandría, Padre de la Iglesia, creía que con el tiempo todos los pecadores (incluso el propio Satanás) podían salvarse. Para Clemente, la existencia del libre albedrío implicaba que incluso el diablo tenía derecho a arrepentirse. pero fue Orígenes quien desarrollaría el concepto de apocatástis, ‘el regreso último de todos los seres, incluyendo a Satanás, el Dios del que provienen’. En la actualidad, el Vaticano proclama que incluso el pecador más recalcitrante puede ser perdonado por la Iglesia si se arrepiente de corazón.

[…] A pesar de que Milton pone todo su empeño, su Satanás resulta relativamente normal en comparación con un Dios al que le hace mucha falta aprender a controlar su ira. Tras ser obligado a descender el Infierno (o Pandemónium, la guarida de los demonios), Satanás parece decidido a hacerlo lo mejor posible en su papel de pionero diabólico, y declara: “Aquí, por fin, seremos libres” seguido del clásico: “Vale más reinar en el infierno que servir en el cielo”. Milton describe el Infierno como una especie de Parlamento (quizás sabía de lo que hablava, al haber trabajado para Cromwell) en el que los demonios debaten si vale la pena o no intentar recuperar el Cielo, lo cual suena bastante democrático.

Los propios cristianos, en sus orígenes, confundían a menudo la naturaleza del mal y el personaje de dios. Marción, que fue expulsado de la comunidad cristiana de Roma en el año 144 por reflexionar acerca de la pregunda “¿de dónde proviene el mal?”, llegó a la conclusión de que debían de existir dos dioses, el demiurgo del Antiguo Testamento, al que también denominó conditor malorum (“autor de maldades”), i el auctor diaboli (‘creador del diablo’). Por otra parte, el dios benevolente era misericordioso, pero seguramente por el hecho de que no hay demasiado evidencia de ello en la mayoría de las vidas humanas, a la humanidad le está vetado conocerlo.”

” Por muy sacrílego y estraño que les parezca a los creyentes, podría decirse que ni tan sólo la Biblia afirma que Dios, el Padre Celestial, creara el mundo (o al menos que lo hiciera solo y sin ayuda). Aunque los sacerdotes judíos y cristianos se han cuidado mucho de ocultarlo, la palabra hebrea que se tradujo como ‘Dios’, en singular, en los pasajes de la Creación es en realidad el plural elohim. Además, elohim comprende tanto el género masculino como el femenino (dioses y diosas).

Sin embargo, elohim se abrevia a menudo como El, o Dios (Alá en árabe), dando la falsa sensación de existir un único dios masculino, soberano y creador de todo, mientras que los apologistas siguen defendiendo que el plural se utiliza simplemente para indicar la plenitud del poder. Sea como fuere, el caso es que incluso el Yahvé que conocemos no estaba solo al inicio de la vida humana, ya que aquel alfa y omega de supremacía masculina tuvo antaño una mujer.

Y no sólo eso, sino que, en algunas versiones de la historia, ella dio a luz a Lucifer, mientras que otras cuentan que fue su amante. Aún peor: ella podría haber caído en desgracia a los ojos de los hombres y convertirse en un demonio, llevándose con ella metafóricamente a todas las mujeres. La salida aparentemente vergonzosa de la mujer de Dios de su lugar de supremacía, dejando de ser su consorte y abnegada esposa, constituye, junto a la predilección de Eva por la fruta y las serpientes, el fundamento de la ignorancia colectiva de los judíos, seguida de la de los cristianos. ”

” En el siglo XXI, en Occidente, todas nuestras ideas sobre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, provienen de la tradición judeocristiana presente en nuestra cultura. Pero tal como hemos visto, las credenciales de Yahvé como dios noble o especialmente inteligente no se corresponden con su capacidad para sentir celos y herir, y la historia de la pérdida de la gracia divina de la humanidad (y la consecuente subyugación de la mujer) es un triste relato de mitos confusos y prejuicios ostensibles. Sin embargo, nada es comparable con la adaptación deliberada de la historia cristiana original, que a menudo, y por lo que parece, es directamente contraria a los propios deseos de Cristo. ”

” Ellos y nosotros. Nosotros y ellos. Nazis y judíos. El ejército Rojo y los intelectuales. Brujos y cristianos. Judíos y árabes. Librepensadores y cualquier tipo de fundamentalismo, y así sucesivamente, una letanía de terror que engendra más terror… Siempre estamos en el bando correcto y ellos siempre en el equivocado. Tenemos a Dios de nuestra parte, mientras que ellos están engendrados por Satanás, e incluso el hecho de contrariarnos o de defender su postura es una prueba de su alianza con él.

El diablo es sumamente útil porque demuestra la existencia de Dios y puede asumir toda la culpa de los fracasos de Dios, lo que permite regular y calmar nuestro arduo día a día. Si creas al diablo a su propia imagen y semejanza, te complacerá creando un infierno en la Tierra.

Sin embargo, visto desde la sombría perspectiva de la historia, es evidente que Dios es mucho más que un fracasado, sobre todo porque se supone que es omnipotente. Mientras que los defensores de Satanás cumplen con éxito su misión al pie de la letra (al fin y al cabo, se limitan a acatar órdenes), difundiendo el terror, la agonía y la muerte en todo el mundo, ¿qué ha conseguido Dios? Es cierto que la fe i ese sentimiento de pertenencia sumamente cautivador dan una sensación de paz interior a la gente, lo cual mejora su bienestar físico y psíquico, pero el resplandor individual y el aura de presunción y de tendencia a juzgarlo todo ha servido de poco a la humanidad en conjunto. Sabemos dónde está el infierno de Satanás en la Tierra – no hace falta más que mirar a nuestro alrededor -, pero ¿Dónde está el cielo de Dios en la Tierra? ”

Lynn Picknett “La Historia secreta de Lucifer” Editorial Planeta S.A. (2007)

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